Algunas cosas sobre tecnología de los alimentos

Archivo para julio, 2008

Por la reducción política (impuesta) y ciudadana (voluntaria) del consumo de energía. Un aspecto crítico de la obtención de los “Bio-combustibles”

Entrevista con Alfonso Raffin del Riego, alto directivo del mayor grupo alimentario de Brasil

Salvador López Arnal

Alfonso Raffin del Riego es Director Proyectos y Desarrollo del Área Lechera de Perdigao-Eleva, el mayor grupo alimentario de Brasil, ex director mundial de desarrollo ganadero de Danone, voluntario de Veterinarios sin Fronteras, Asociado de ANEMBE, miembro de G-TEMCAL y del Comité Organizador de Expoáviga. Grupo Iberoamericano de Estudio de Biocarburantes y Grupo de estudio de Bionegocios.

El consumo de energía fósil sigue aumentando en EEUU y Europa, e irrumpe con fuerza en los países emergentes donde son numerosos los potenciales consumidores. Políticos, economistas, sociólogos, algunos dirigentes de corporaciones, señalan que se debe de romper este paradigma energético y se han de buscar alternativas antes de que el petróleo se reduzca o agote. ¿Dónde cree usted que se focalizan esas búsquedas alternativas? ¿Qué nuevas fuentes energéticas están actualmente en primer plano?

Cuando se nombra energías alternativas, se pronuncia a continuación solar, eólica y biomasa. No es correcto. Si por alternativas entendiéramos alternancia a la dependencia del petróleo (imprescindible hoy en transporte) veríamos que algunos países con gas se esfuerzan en la expansión de su uso en automóviles (recuerdan que es menos contaminante) y otros trabajan en el carbón licuado (sabemos que las reservas de carbón son muy superiores a las de gas y petróleo). Si pensamos en alternativa a las emisiones y pensamos en el corto plazo, la energía nuclear es la que aparece en el punto de mira de muchos gobernantes y científicos. Para muchos (y me incluyo) es la que podría frenar de una forma más rápida una gran parte de la emisión actual de gases. Francia y Reino Unido reconocen que los residuos radiactivos son un riesgo muy inferior al calentamiento global, al menos son “deudas a pagar” mucho más en el largo plazo. La bomba de hidrógeno para automoción, asociada a la energía nuclear (o solar) para comprimir el hidrógeno sería la solución, y esto parece próximo.

El problema es que la energía nuclear, además de producir residuos y de tener imágenes terribles en nuestra memoria (Hiroshima, Chernóbil), necesita de uranio, que es un mineral que se está agotando al mismo ritmo que el petróleo. Aquí surge un término diferente pero que la gente asocia al anterior: energías renovables, que mejor se deberían llamar de fuentes no agotables. Sabemos que el sol un día dejará de arder, pero falta mucho, mucho, y mientras tanto tenemos delante una fuente no contaminante. Estamos muy lejos de la optimización de esta fuente de energía y la investigación e inversión en energía solar sigue siendo ridícula.

El viento es también inagotable (o renovable) pero caprichoso, lo que frena la inversión. La energía mareomotriz no se está tampoco aprovechando. La principal causa es que estas energías no son una alternativa (de momento) a la combustión de gasolina por los coches, aunque sí al calentamiento global, su emisión es cero.

¿Y los biocombustibles?

La biomasa o biocombustibles (etanol y biodiesel) son llamadas por muchos energías alternativas, renovables y limpias y es la apuesta febril del momento. No son una alternativa al petróleo, pues el consumo en su producción y distribución incrementa la dependencia al mismo. Solamente poner el ejemplo del consumo de fertilizantes para estos cultivos, que se ha disparado, generando más consumo de petróleo, factor que a su vez contribuye a su aumento de precio y este genera más demanda de biocombustibles(BC).

No son renovables al ritmo que hoy consumimos y con la tierra de que disponemos. Estamos agotando la fertilidad del suelo y con ello eliminando nuestra capacidad de sobrevivir, de alimentarnos.

No son limpias, emiten CO2. ¿Que absorbió una planta? Sí, como también hicieron las plantas enterradas que generaron gas, carbón y petróleo. Si quieres ser limpio deja la planta crecer más, abonar el suelo, o entiérrala; si la quemas emites. También emiten oxido nitroso -230 veces mas nocivo que el CO2- en su combustión y en la utilización de abonos.

Nunca se habla de una eficaz alternativa, la reducción política (impuesta) y ciudadana (voluntaria) del consumo de energía. Por ejemplo, un superimpuesto al que consume y resta esperanzas de vida a los hijos y nietos de todos.

¿En qué consistiría ese superimpuesto al que alude? Por otra parte, ¿la reducción política impuesta no podría generar Estados muy autoritarios, gobiernos muy tendentes a la represión?

Todos entienden que si usted quiere comer ostras y tiene dinero para pagarlas lo puede hacer, no son animales en extinción, se reproducen. Pero si quiere pagar miles de millones por cazar alguno de los últimos linces nadie se lo podría permitir. El petróleo no se reproduce y un día será necesario para fines diferentes al transporte y estará agotado en caprichos. Somos sensibles a la contaminación del agua; está prohibido y penalizado hacerlo, aunque podemos depurarla. La atmósfera no se puede depurar y algunos la contaminamos sirviéndonos de nuestro poder económico y restando oportunidades de sobrevivir a los niños, nacidos y por nacer, nuestros y de otros. Quien aniquila la vida de nuestros descendientes debe de ser castigado y controlado. La vida se impone sobre la democracia.

Igualmente en el orden internacional se invade un país del que se dice tener armas de destrucción masiva. ¿Y al que más destruye la atmósfera de todos? Las cosas se van a complicar y la violencia encontrará justificación para salvar la especie, la cultura, la raza, la religión. Es mejor ser duro ahora desde los países más democráticos.

La mayoría de los informes científicos sobre el cambio climático son cada vez más pesimistas. ¿Cree que estamos ya en el punto de no retorno, en el que aunque consiguiéramos frenar nuestras emisiones de gases de efecto invernadero los procesos llevarán inevitablemente a la destrucción de nuestro hábitat? ¿Qué medidas defendería usted en este ámbito?

Hace tiempo que estamos viendo destruirse nuestro hábitat, y no entendemos (refugiados en nuevos hábitats, nuestras ciudades) que la destrucción total del hábitat actual -de las otras especies animales y vegetales- lleva a la destrucción de nuestra especie. En el nuevo hábitat que se esta creando, roedores, insectos, virus se apropiarán de lo que quede, parando, por fin, las emisiones. La Tierra es un enfermo con una alteración grave, los gases de efecto invernadero. Si no existieran otros achaques podríamos dar un pronóstico. Pero sume usted a esto la desertificación y la superpoblación. Cada cosa complica las demás. Es urgente llevar riqueza al tercer mundo para parar su natalidad y también lo es producir y consumir alimentos de forma sostenible, sin deforestar ni maltratar el suelo. Hay que iniciar un ciclo inverso al monocultivo y erosión de la tierra, que genera carbono arriba (CO2) y esterilidad abajo. Debemos colocar carbono (materia orgánica) sobre la corteza terrestre. Es un nuevo orden de solidaridad, alimentación y territorialidad que solamente un puñado de privilegiados podemos cambiar. Tenemos poco tiempo. Solo nuestros hijos sabrán mañana si hoy ya es tarde o no. Nos juzgarán o por asesinato (si lo es) o por intento de asesinato (si todavía ellos pueden arreglarlo).

Se suele afirmar que las energías alternativas son la solución, pero a continuación se señala en ocasiones que son costosas en inversiones (la eólica y la solar, por ejemplo) por lo que los caminos parecen cerrarse. ¿Cree que éste es un buen planteamiento?

La ventaja de ser costosas es que bajaremos el consumo y aumentaremos su eficiencia y que dejaremos de aplastar con nuestros medios actuales a los países pobres, cuyas familias, sin esperanza, ni cultura, procrean sin control. Le pongo un ejemplo, con transgénicos, con abonos y tractores, y quemando petróleo barato, inundamos de cereales, carnes y lácteos a todo el mundo. Los pequeños agricultores del tercer mundo, con bueyes y con semillas tradicionales no pueden competir, huyen hambrientos a los suburbios u ocupan los bosques. En ambos casos disparan el CO2. Una energía cara reduce el CO2 y da oportunidades a los más pobres de sobrevivir sin alterar el planeta. Nuestra salvación es el petróleo a 500 dólares/barril. Nuestra salvación es volver a una era precontemporánea -no necesariamente la edad media- donde la disponibilidad de energía no genere supremacía.

Luego usted está apostando por el decrecimiento y por la energía a precios inalcanzables como solución.

Si. Prohibir la publicidad que incite al consumo innecesario. Energía barata solamente para bienes comunes y necesarios. Ejemplo: luz en un hospital o una escuela pero no en mi casa o en un estadio de fútbol.

Algunas voces incluyen la nuclear entre las energías alternativas y sostienen que, a pesar de sus riesgos y de su impopularidad, hay que apostar por ella . ¿Sería razonable esa apuesta en su opinión?

Creo que es una locura, pues deja un “paquete” peligroso a nuestros descendientes y mantiene e incrementa un orden de poder donde unos países (con tecnología) externalizan el agotamiento de los recursos. Pero, en mi opinión,- es menos mala que el suicidio llamado biocombustible y que quemar todos los hidrocarburos que nos quedan bajo la tierra.

Los biocombustibles han irrumpido en EEUU y Europa como la panacea universal a todos los problemas. ¿Cómo podrían definirse? ¿Por qué “bio”? ¿De cuántas clases hay?

Son aceites (biodiesel) y alcoholes (etanol) procedentes de cultivos. Por hacer un chiste entrarían dentro de lo que se llama alimentos y bebidas en una línea de bienes de consumo. Pero lo serio es que han disparado los precios de esta línea, pues tienen el mismo origen: el cultivo de la tierra, y la tierra es limitada. Los llaman bio para venderlos, pero no vienen de agricultura ecológica, vienen de la más contaminante e intensiva. Eso sí, vienen de plantas vivas, como lo eran las que produjeron los combustibles fósiles.

En su opinión, ¿qué ventajas aportaría apostar, como de hecho ya se está haciendo, por su uso?

Ninguna

¿Y cuáles son mayores inconvenientes en su opinión?

Hambre, deforestación, empobrecimiento del suelo agrícola, atropellos a indígenas y pequeños campesinos, más hambre.

¿Cree que son realmente una oportunidad para países en desarrollo? Como usted sabe, Europa y EEUU no tienen tierra suficiente para cumplir sus objetivos energéticos en este apartado. De Colombia, por ejemplo, llegan informaciones en las que se habla de millones de desplazados por los paramilitares, dejando grandes terrenos que ocupan los ex narcotraficantes para producir aceite para exportación. Brasil, Argentina, Paraguay e Indonesia son casos similares.

Durante siglos se ha repetido la misma historia. El algodón, el café, el azúcar, todos los cultivos producidos en los países pobres, para satisfacción de los ricos, han sido consecuencia de esclavitud, de concentración del poder de la tierra (latifundios) y de deterioro del terreno. Las fabelas de Río y Sao Paolo son la consecuencia del abandono de unas tierras extenuadas después del monocultivo. Algunos llamaban a la soja la gran oportunidad para el Cono Sur. La soja brasileña, argentina y paraguaya, realmente, engorda los animales de Europa y Asia y las arcas de unos pocos hacendados y dos multinacionales que trafican prácticamente todo el grano mundial, la que envenena las aguas y los ojos indígenas de glifosato, el herbicida que aplicado a la soja transgénica incrementa la cosecha. Soja a la derecha y a la izquierda de la carretera. Ni un manzano, ni una lechuga, ni un campesino. Podríamos dar al ganado muchas fuentes de proteína, pero en la realidad los piensos solamente incluyen dos -máximo tres- y una siempre es la dañina soja. Podríamos producir biocombustibles de muchas plantas, algunas, nos dicen, serán plantas resistentes a la sequía y poco lesivas para el medio ambiente, pero en la realidad solo habrá dos: la palma aceitera y la caña de azúcar y en el futuro una: el eucalipto. Todas son plantas que extraen el agua y la riqueza de la tierra a gran velocidad para dejar su fruto, eso sí, en las cuentas de multinacionales de semillas, agroquímicos y comercio mayorista.

¿Cree usted que los BC reducen realmente las emisiones de CO2? Algunas grandes corporaciones han promovido estudios en los que se habla de una reducción de emisiones de CO2 entre un 50% y un 75% pero existen investigadores independientes con opiniones muy distintas.

El carbono, como la energía, no se crea ni se destruye y unos listos dicen: la planta que yo quemo libera el CO2 que antes captó, eso se llama efecto neutro, y cuanto más BC sustituya por petróleo más dinerito gano en derechos de carbono. Alguien dice, oye, que yo te veo gastar petróleo en fabricar el BC y en transportarlo. Bueno sí, de acuerdo, y dejan la reducción no en un 100% y sí en un 50-75%. Cuando estudios concienzudos y libres recuentan toda la energía utilizada en fertilizantes, riego, producción de semillas, generación de maquinaria, transportes transoceánicos… el balance es negativo. Pero aunque no lo fuera, esas plantas sustituyen a otras que no se iban a quemar, se iban a comer o iban a mantener ecosistemas generadores de lluvia que permiten captar mucho CO2. Las plantas intensivas para BC desertifican la frágil tierra tropical y la dejan incapaz de captar más CO2 durante milenios. Esas plantas frenan el aumento del precio del crudo, evitando una bajada de consumo y aumentan el precio del pan obligando a familias a deforestar para comer. Y además limpian la conciencia del ciudadano contaminador.

Las grandes corporaciones, más allá de los gobiernos, ¿han apostado por estas fuentes energéticas? ¿Ven posibilidades de grandes negocios?

Claro. Es el nuevo oro. La potente industria del automóvil ve con ellas la vía para mantener sus ventas, sin cambiar los motores actuales a la bomba de hidrógeno. Las petroleras aprovechan sus redes de distribución y gasolineras. Las agroquímicas es el boom. Las biotecnológicas como Monsanto se asocian a las distribuidoras de grano como Gargil para producir y comercializar un maíz o soja más eficiente para BC (y menos, o incluso inservible, para alimentarse). El pan no es un gran negocio, la energía sí. Los bancos y corporaciones financieras, huyendo del desastre inmobiliario, están invirtiendo en fábricas bioenergéticas y especulando con alimentos.

Usted ha señalado la importancia del informe Stern para una aproximación rigurosa a estas cuestiones. ¿Qué informe es ése?

Es el primero que ve la emisión –y, por tanto, el calentamiento- de una manera global. Si lo hubiera dirigido un ecologista nadie lo habría tenido en cuenta, pero el informe fue dirigido por un economista prestigioso, Nicholas Stern, a petición del gobierno británico. Antes veíamos solamente el transporte y la industria, pero la deforestación y la agricultura intensiva liberan más carbono que las anteriores. La gravedad del carbono perdido del suelo respecto al que se extrae del subsuelo es que es carbono imprescindible para que crezcan las plantas (materia orgánica), para la vida y la alimentación. Con la tierra estéril el calentamiento se acelera y nos morimos de hambre.

¿Cuáles son los principales efectos de los biocombustibles en la producción y precios de los alimentos a escala mundial?

Simplemente, compiten por la tierra fértil. No es una cuestión de que se quemen alimentos, aunque hoy es así; es que se producen en el lugar de los alimentos. O, peor aún, en la selva.

¿Qué son los BC de segunda generación, llamados también biomasa? ¿Representan mejoras respecto a los anteriores?

Nos engañan diciendo que son ramitas y paja inservibles. Es mentira, es madera. La madera que más rápido crece es el eucalipto y las investigaciones van en el sentido de producir alcohol a partir de eucalipto. Los cultivos para BC de primera generación permiten un paso atrás, pero el eucalipto nunca. El eucalipto es un árbol adaptado a sobrevivir en el semidesierto australiano. Para hacerlo aniquila toda planta bajo sus pies y absorbe toda el agua de su entorno. En pocos años da su primer corte y el mismo se replanta. Arrancarlo para rotar de cultivo es tarea imposible. Tras el tercer corte ya casi no puede crecer, pero tampoco lo hará en su terreno un castaño o una cebolla.

¿Es España, después de China, el segundo mayor “reforestador” mundial de eucaliptos? ¿Por qué? ¿Qué ventajas representa ese cultivo?

Los pequeños ganaderos de la Cornisa Cantábrica dejaron de ser competitivos por las ganaderías intensivas de Cataluña y Castilla. Los que sobrevivieron debieron abandonar el pastoreo y dar más grano, vendido barato de Brasil o Argentina. Las tierras quedan a merced de las multinacionales papeleras, que han salido de otros lugares por su olor y contaminación. El eucalipto deja de ser un cultivo, es una inversión. Te lo plantan, no haces nada, y lo mandas cortar diez o doce años después. No necesitas limpiar el matorral. En mi infancia y juventud recogí heno y cargué eucaliptos en Asturias. Lo primero era un riesgo y no tenía festivos.

Pere Casaldáliga, citando a Jean Ziegler, afirma que «destinar millones de hectáreas para la producción de biocarburantes es un crimen contra la humanidad», y que el biocombustible no puede ser un festival de lucros irresponsables. ¿Suscribiría estas palabras?

Totalmente. Un crimen que generará más destrucción y muerte que el nazismo y estalinismo juntos. El empujón definitivo al no retorno.

Algunas voces críticas, y a un tiempo informadas, están hablando de la necesidad de decrecimiento en los países industrializados, de que el 80% de la producción mundial es superflua. ¿Cree que esa vía se apunta es un sendero hoy por hoy transitable?

Todos quieren crecer a consta de su propia destrucción, y hacerlo ahora, ya, hoy. Ni los políticos democráticos, ni las multinacionales soportan la palabra decrecer. Pero cambiar ese paradigma es nuestra obligación moral para salvar a los míseros y a nuestros descendientes. Una solución sería una revolución que condenara a los países a un paupérrimo régimen dictatorial (si USA o la CEE se transforman en Cuba nuestros nietos estarían salvados). Otra es hacer que los políticos democráticos no nos prometan prosperidad sino longevidad para nuestra especie. Otra es presionar a las multinacionales. Yo era director mundial de ganadería en la multinacional más lucrativa de mi especialidad, los lácteos.

La mayor vendedora de yogures, la que más publicita y la que más caro vende. Me esforcé en demostrarles que era rentable invertir en los pequeños ganaderos, especialmente del tercer mundo. Decidieron lo contrario. Yo les dejé. Abandoné mi país y mi entorno y mi cultura para ir a Brasil a convencer a otra gran empresa de alimentación. Tú seguro que también puedes contribuir, eres más importante de lo que piensas y siempre habrá gente que te escuchará.

¿Y ha conseguido convencer a esta otra empresa de alimentación? ¿Sobre qué temas ha logrado convencerles?

De momento estamos apostando por el pequeño ganadero brasileño, desarrollando la ganadería en zonas áridas con especies vegetales resistentes a la sequía y en zonas tropicales con razas animales resistentes a los parásitos. Defendemos la ganadería familiar que es la que genera empleo y respeta el medio ambiente, el bienestar animal y cuida con más amor el producto final (carne o leche).

¿En qué les he convencido?

En conservar un ejército de 20.000 campesinos, que hubiera sido reducido a veinte magnates por aquella otra empresa. Aún me quedan muchas cosas más. Tal vez no consiga algunas, pero no desistiré. Soy un privilegiado por tener estas oportunidades y por ayudar a que muchos hijos de esos 20.000 campesinos sigan mañana produciendo leche de una forma sostenible.