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En la guerra contra la grasa corporal se recurre a dietas hipocalóricas, consumo de fibra para saciarse pronto durante las comidas, trucos de beber mucha agua para llenar el estómago y tener sensación de saciedad, ejercicios físicos para quemar calorías, suplementos dietéticos, etc. Los especialistas recomiendan que la dieta habitual para mantenerse sano y sin sobrepeso ni obesidad sea muy variada en alimentos y que no sea muy estricta para no dar lugar a ansiedad ni a déficit en micronutrientes. Cuando se recomienda una dieta específica e hipocalórica es porque ya se ha manifestado una situación de sobrepeso u obesidad. Entonces se recurre a todo tipo de estratagemas para perder peso.
Los suplementos dietéticos para adelgazar contienen compuestos diuréticos, laxantes, estimulantes, que pueden ayudar a la no ganancia y acumulación de grasa e incluso a su pérdida. No obstante, las investigaciones científicas sobre la eficacia de los suplementos dietéticos que se comercializan como adelgazantes no han sido muchas y, las que se han desarrollado, tampoco demuestran los beneficios en la pérdida de peso. Son numerosos los científicos y nutricionistas que desaconsejan el uso de algunos de los productos que se comercializan como adelgazantes, por los posibles efectos perjudiciales que pueden ocasionar.
Muchos de los compuestos que se comercializan para ayudar a adelgazar se venden sin receta médica. Los consumidores confían en los productos que se venden en las farmacias, pensando que ese hecho es una garantía y que se ha constatado su beneficio para el fin que se vende, pero no es así. Muchos compuestos que se consideran beneficiosos, no siempre son buenos para todos o no siempre son eficaces para lo que indican. No existe evidencia científica de la eficacia y seguridad de los productos a base de plantas ni de los suplementos dietéticos que se emplean para perder peso. Además, muchos de los suplementos dietéticos que se recomiendan para perder peso tienen propiedades que pueden tener efectos perjudiciales para la salud. Algunas sustancias quemadoras de grasa, como la sinefrina, pueden producir aumento de la presión arterial. Los diuréticos ayudan a perder agua pero no grasa, además pueden tener contraindicaciones. La L-carnitina puede provocar vómitos, naúseas, cansancio. Los suplementos ricos en algas marinas pueden producir problemas de tiroides por el yodo que contienen. Los estimulantes pueden aumentar el gasto energético pero, también, pueden provocar trastornos psicológicos.
La conclusión es clara: para adelgazar hay que recurrir a un experto para que nos recomiende la dieta y estilo de vida que debemos seguir para perder peso. No basta con seguir recomendaciones de los medios publicitarios ni de amigos y vecinos. La alimentación es fundamental para nuestra salud y bienestar. Hay que tomarla muy en serio y cuidar de que sea idónea para estar en buena forma.
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La mayoría de las madres se quejan de que a sus hijos no les gusta comer verduras ni frutas. Es cierto. Aún quedan en nuestra memoria los recuerdos de nuestras madres diciendo que comer fruta y verdura es muy bueno porque nos hace fuertes, altos e inteligentes. A pesar de estos beneficios, seguíamos con la negativa de consumir legumbres, hervidos, ensaladas, purés, frutas y demás vegetales. Nuestras madres se desesperaban. Nos amenazaban con que ese plato de comida nos lo volverían a dar a la hora de la cena. A veces ganaban pero, la mayoría de las veces, consentían que comiéramos otro alimento más apetitoso, según nuestro criterio. Cuando íbamos a casa de alguien a comer, comíamos lo que nos daban, aunque fueran legumbres. Por eso existía la costumbre de mandarnos, de vez en cuando, a comer a casa de algún familiar o amigo, incluso a pasar temporadas. Este proceso se ha repetido en las generaciones siguientes.
En la actualidad, con los horarios que tienen las madres y las distancias que hay entre los colegios y el domicilio familiar, hay un gran número de estudiantes que comen en comedores escolares. Además de la ventaja de poder comer sin que las madres tengan problemas laborales, también aportan la ventaja de que al comer fuera de casa con otros niños o jóvenes, se come de todo sin posibilidad de chantajear a las madres.
Conscientes de la gran influencia que los comedores escolares ejercen sobre la población infantil y juvenil, las organizaciones responsables de salud y nutrición de los distintos paises de la UE han desarrollado un reglamento para que se consuman en los comedores escolares frutas, verduras y algunos de sus derivados. Si se reparten las ayudas de manera indiscriminada a todos los centros escolares, ofreciendose productos vegetales en las comidas, consiguiendo que los alumnos los consuman y se acostumbren a comer vegetales habitualmente, se habrá obtenido un éxito enorme. Es un gran paso en la lucha contra la obesidad infantil y todos los problemas que acarrea. ¡Ojalá se obtengan los resultados esperados!
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En las últimas décadas, la obesidad se está extendiendo como una epidemia , tanto en la población adulta como en la población infantil. La comida basura, el mayor consumo de platos preparados listos para comer, el exceso de carbohidratos y grasas en la dieta, junto al sedentarismo ( muy extendido en la forma de vida actual), hacen posible este aumento de la obesidad y del sobrepeso. Este fenómeno ocurre paralelamente al culto desorbitado a la belleza física que se practica en la sociedad.
Las organizaciones nacionales e internacionales responsables de la salud dan recomendaciones para combatir el sobrepeso y la obesidad. Sin embargo, la población no responde a estas indicaciones y siguen practicando, en muchos casos, una alimentación no adecuada para la salud. La toma de conciencia de que se debe seguir una dieta sana se suele producir cuando lo recomiendan los médicos, por motivos de salud, o cuando se acercan las fechas en que se emplea un vestuario que permite que se vea una mayor parte del cuerpo ( primavera y verano). Como esa toma de conciencia es tardía, apremia el tiempo para adelgazar y se recurre a las dietas rápidas que son hipocalóricas, en algunos casos muy drásticas, que hacen pasar hambre y producen ansiedad. Las dietas muy estrictas son difíciles de seguir por mucho tiempo, lo que conduce a su abandono y recuperación rápida del peso que se había perdido y algún kilo más. Esto produce un desasosiego y falta de autoestima.
Los responsables de la salud recomiendan dieta equilibrada con nutrientes de todo tipo. No recomiendan pasar hambre o estar mal alimentados. La dieta equilibrada incluye el consumo de carnes magras, pescado, huevos, cereales, lácteos, legumbres, vegetales y fruta. Si se tiende a aumentar de peso, se pueden elegir alimentos que aporten menos grasas y carbohidratos. Afortunadamente existe una variedad enorme de alimentos. Los cultivos agrícolas de invernadero y la cría de peces y animales de ganado permiten tener facilidad para adquirir alimentos de todo tipo durante todo el año. Hay que comer bien y cuidar el cuerpo en todos los sentidos: salud, belleza, juventud. Este cuidado no debe ser intenso durante unos meses y posterior abandono. Debe ser constante durante toda la vida, sin medidas drásticas. Conviene educar a los niños en esas buenas costumbres de alimentación saludable y beneficiosa para el cuerpo. Las personas que han recibido una educación alimenticia en su infancia mantienen los buenos hábitos dietéticos a lo largo de toda su vida.
Hay que concienciarse de que el cuerpo necesita mimos, comenzando por una buena alimentación y un mayor empleo de sus extremidades inferiores. Un ejercicio tan sencillo como andar , ayuda a mantener el cuerpo mejor. Vale la pena. Se evitan enfermedades y complejos, se gana en salud, autoestima y relaciones sociales.
Las personas que sufren la enfermedad celiaca, caracterizada por una intolerancia al gluten de algunos cereales, lo pasan mal. Tienen problemas de alimentación porque hay muchos alimentos, sobre todo los procesados industrialmente, que contienen gluten. Afortunadamente, desde hace unos años, hospitales, industrias farmaceúticas y centros de investigación están acometiendo investigaciones, desde distintos puntos de vista, para conocer el origen, todos los síntomas y características de la enfermedad celiaca y con esos conocimientos abordar soluciones.
La industria alimetaria está elaborando alimentos sin gluten de cereales para que puedan consumirlos los enfermos celiacos. Esto evita que tengan que sufrir los síntomas de la enfermedad. Pero ahí no queda todo resuelto. Las investigaciones que se desarrollan para conocer las diferencias de la flora microbiana intestinal entre indivíduos con enfermedad celiaca y sin ella han dado a conocer más circunstancias que pueden confluir con o sin gluten en la alimentación. Resulta que, estudiando los cambios o diferencias que se producen en la flora microbiana intestinal de indivíduos sanos cuando no consumen gluten respecto a los que sí consumen, se ha comprobado que el no consumo de gluten resulta en un cambio de la composición de la flora microbiana intestinal en detrimento de la que se considera beneficiosa (bacterias de tipo láctico) y en aumento del crecimiento de las poblaciones de bacterias que se consideran perjudiciales para la salud ( algunas levaduras, bacterias coliformes, hongos), incluso la ausencia de gluten en la dieta podría disminuir el sistema inmune de defensa del cuerpo. Esto nos da a entender que los enfermos celiacos pueden mejorar algunos síntomas de su intolerancia si no consumen gluten pero habrá que resolver los problemas que ello les acarrea.
La época estival con sus temperaturas altas provoca sudoración que acarrea pérdida de fluidos corporales. Sanidad aconseja beber suficiente agua en verano para equilibrar esas pérdidas de líquidos. Relacionado con la pérdida de líquidos, hay una creencia, bastante extendida, de que las bebidas ricas en cafeína hacen perder mucho líquido. Esto es motivo de que haya personas que consideren que en épocas de mucho calor no es conveniente el consumo de bebidas ricas en cafeína.
La cafeína tiene un efecto diurético si se consume en cantidades superiores a los 250 mg al día y, por consiguiente, puede provocar una mayor pérdida de agua y, posiblemente, su déficit en el cuerpo (este efecto puede ser menos pronunciado en consumidores habituales de cafeína). Por ello, el agua que obtenemos de las bebidas con cafeína puede contribuir a nuestra cantidad total de fluidos si se consumen con moderación. Las autoridades nacionales de toda Europa recomiendan un consumo de agua procedente de bebidas de al menos 1,2 litros (4-6 vasos) para los adultos. Esta cantidad se añadiría al agua que obtenemos de los alimentos y de nuestro metabolismo para reparar las pérdidas de líquidos a través de la orina, las deposiciones, la sudoración y los pulmones.
Estamos en la estación que más dietas alimenticias son seguidas por mayor número de personas. La mayoría, acompañan la dieta con la práctica de ejercicio físico para quemar calorías y fortalecer la musculatura. Hay personas que están muy concienciadas de la importancia de los nutrientes esenciales en la salud y de la necesidad de una ingesta diaria de cada uno de ellos y acude al médico para que sea él quien le guíe en la consecución de la dieta. Pero, por desgracia, esto no lo lleva a cabo la gran mayoría de las personas que se proponen adelgazar para estar en forma. Casi todas las personas que se someten a una dieta hipocalórica, se guían por los consejos de amigos y publicidad. Algunas de estas dietas hipocalóricas son, realmente, muy duras y difíciles de seguir, producen ansiedad por el hambre que se padece y se refleja en el estado anímico, además de crear déficit de oligoelementos en el organismo que, en casos extremos, pueden ser muy peligrosos.
Las dietas de adelgazamiento conviene que sean poco estrictas, no se pierde mucho peso ni volumen rápidamente, en cambio el peso y volumen que se pierden es más duradero porque se pueden continuar las dietas más tiempo, no crean ansiedad y no se recuperan los kilos de más en cuanto se salta la dieta. Lo mejor para perder peso y volumen es comer de casi todo ( no muchas grasas ni muchos azúcares) en poca cantidad. El organismo no sufre deficiencias de elementos esenciales, se funciona mejor y no se consumen las calorias de más. Es conveniente acompañar las dietas con ejercicio físico para ayudar a quemar calorías acumuladas en forma de grasa.
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La naturaleza nos ha enseñado que los alimentos frescos pueden sufrir contaminaciones microbiológicas que dan lugar a alimentos nuevos con características diferentes y que gustan y alimentan igual o más que el original. Se les denomina alimentos fermentados. Así se formaron hace miles de años la cerveza, el vino, queso. En la actualidad, el consumo de productos fermentados está muy extendido. En los últimos 20 años se han difundido por todos los medios de comunicación los beneficios que aportan al organismo los alimentos fermentados. La sociedad se preocupa más por qué, cuanto y cómo come. La gente quiere nutrirse bien, no llenar el estómago solamente. Las multinacionales de la industria alimentaria están mimando al consumidor ávido de salud y bienestar. Les ofrece alimentos sanos, nutritivos, que no engordan y, además, benefician a su salud. La combinación de alimentos fermentados con microorganismos probióticos y zumos con prebióticos, han sido impactantes en el consumo alimentario. La gente ha cambiado los hábitos de consumo de desayuno, postres y meriendas, basados en la ingesta de frutas, alguna pasta de bolleria, zumo de fruta, etc. Ahora se consumen más productos lácteos fermentados y zumos de fruta con prebióticos y cereales. La publicidad anuncia una buena gama de productos lácteos fermentados que nos proveen de anticuerpos frente a enfermedades, productos que previenen la acumulación de colesterol malo, péptidos que no permiten que la tensión arterial suba a niveles peligrosos. Es decir, nos ofrecen mantener nuestra salud más en forma con los alimentos que comemos.
El cuidado de la alimentación es cada día más acusado por la relación directa que hay entre lo que comemos y lo que somos orgánicamente. La flora microbiana intestinal es tan importante que hay que cuidarla y mimarla. De ahí, que se promueba el consumo de bífidos. Los bifidos son unos microorganismos que están en nuestro intestino desde que existimos. Con la edad van disminuyendo. Por eso se aconseja su consumo, para mantener su población intestinalen número adecuado. Nos aportan tantos beneficios que, en la actualidad, se está relacionando su bajo número en el intestino con casi todas las enfermedades que se manifiestan como alergias de origen alimentario. Posiblemente, dentro de unos años se consigan alimentos que incluyan cepas especificas de bífidos capaces de evitar la producción y manifestación de algunas enfermedades que hoy son muy difíciles de superar como es la celiaquía y otras alergias. Hay que ser optimistas frente al reto de las alergias alimentarias y consumir aquellos alimentos que realmente nos nutren y benefician.
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La genómica es una disciplina que permite comparar el material genético de un organismo con el de otros. A nivel microbiológico, permite comparar e identificar microorganismos rápidamente, es decir, se puede identificar la flora microbiana de un alimento, conocer si las técnicas de conservación aplicadas a un alimento han sido eficaces, identificar la pureza de cultivos microbianos de procesos fermentativos.
Los consumidores demandan comida más fácil de preparar. La industria prepara platos más complicados que se puedan consumir tras un simple calentamiento. Para ello, en la industria hay que elaborar el alimento y, además, tratarlo para que tenga una calidad sanitaria idónea para su consumo. El control del proceso de destrucción microbiana es largo y se tarda días en conocer los resultados.
Gracias a la genómica bacteriana será posible ahorrar tiempo y tener resultados precisos en poco tiempo. Se podrá controlar la contaminación de los alimentos. Todo ello mediante unos microchips que contienen la información de miles de genes provenientes de un microorganismo. Cuando el microchip se pone en contacto con el alimento en estudio, si ese alimento contiene el microorganismo concreto cuyos genes están incluidos en el microchip, nos lo indicará y sabremos la calidad sanitaria del alimento respecto a ese microorganismo.
Las proteínas y aminoácidos de los alimentos pueden sufrir cambios bioquímicos que las transforman en aminas biógenas. Las aminas biógenas pueden formarse por la actividad enzimática de los tejidos alimenticios o de microorganismos que lo contaminan. Cuando se producen ciertas concentraciones de aminas en alimentos frescos, se considera que ese alimento no está en buenas condiciones de consumo porque se han producido las aminas por actividad microbiana indeseable que lo contamina. Aunque esta correlación no siempre existe, ya que no todos los microorganismos que contaminan alimentos pueden formar aminas, si que nos da un indicio del grado de frescura y seguridad del alimento. Un ejemplo de ello son los pescados con olor muy fuerte, que es debido a la concentración de aminas.
Las aminas se encuentran sobre todo en alimentos fermentados por la actividad de la flora microbiana que en ellos se desarrolla, sobre todo la flora acidoláctica. Los quesos, productos vegetales fermentados, productos cárnicos fermentados, vino y pescado fermentado son productos que contienen aminas biógenas, debido a la actividad de la flora responsable del proceso de elaboración mediante fermentación microbiana.
Las aminas son precursores en la síntesis de hormonas, alcaloides, ácidos nucleícos, proteínas, y la formación de compuestos aromáticos de los alimentos, así como, posibles precursores en la formación de compuestos cancerígenos de tipo nitrogenado (N-nitrosos). Algunas aminas son indispensables para el crecimiento celular y el buen funcionamiento del intestino. Las procedentes de la dieta no son retenidas en el intestino sino que son desviadas hacia los distintos órganos y allí se utilizan cuando son necesarias. Diferentes aminas tienen papel importante en el control del la presión sanguínea y en el funcionamiento del sistema nervioso.
Cuando hay gran concentración de aminas en un alimento pueden darse síntomas de toxicidad, con dolor de cabeza, enrojecimiento de la piel, etc. Hay que cuidar el tipo de alimentos que se consumen para no asimilar gran cantidad de aminas biogénicas que pueden acarrear problemas de salud. Alimentos relacionados con intoxicación por aminas biogénicas son el pescado, quesos, vino, fermentados vegetales.
Para favorecer la elección de los alimentos durante la compra, se está realizando un proyecto europeo que estudia la forma de plasmar en la etiqueta del alimento toda la información nutricional, de seguridad, conservación y, lo que se intenta implantar, información sobre las características saludables de los alimentos.
La UE está formada por muchos países en los que se consumen alimentos procesados y envasados muy variados, de origen y características diferentes. La elección de los alimentos no se basa en sus propiedades saludables, porque no están especificadas en las etiquetas ni el consumidor tiene siempre formación suficiente. El consumidor elige los alimentos por su aspecto, la publicidad que se ha hecho de ese alimento y la información que lleva en la etiqueta sobre su composición y contenido nutritivo (estas dos últimas informaciones no siempre se consultan ni se entienden). Ahora, lo que se pretende es elaborar nuevas etiquetas de fácil comprensión, en las que se reflejen la composición del alimentos, su conservación adecuada para un buen empleo del alimento, sus propiedades beneficiosas para la salud y el aporte que se hace con su consumo a la ingesta diaria que se debe realizar de algún compuesto beneficioso o perjudicial que contenga ese alimento.
Para conseguir un mejor etiquetado hay que conocer cómo influyen las etiquetas en la elección del alimento, cómo están elaboradas las etiquetas y qué tipo de consumidor se inclina por unos alimentos u otros. Se puede así conocer cómo pueden cambiar los hábitos de elección de un alimento según el etiquetado.
En definitiva, la UE pretende que se elijan los alimentos por su aportación en compuestos nutricionales, su influencia sobre la salud por el contenido de algunos compuestos y la seguridad de consumo que ofrecen. Se supone que las administraciones desarrollarán campañas informativas y formativas para que el consumidor sepa interpretar las etiquetas. Todavía faltan unos años para la implantación del nuevo método de etiquetado pero conviene que los consumidores comiencen a estudiar la etiqueta de lo que comen.
